Óptimos y Rangos de Tolerancia
Veremos
ahora la manera en que diferentes especies se "ajustan" a condiciones
ambientales diferentes. Enfatizaremos las plantas porque es más fácil ilustrar
los principios con
ellas.
A través
de observaciones de campo (observaciones de cosas como existen en la naturaleza en
contraposición a experimentos de laboratorio),
podemos llegar a la conclusión que especies diferentes de plantas varían
grandemente en cuanto a su tolerancia (capacidad
para soportar) a diferentes factores abióticos. Esta hipótesis ha
sido examinada y verificada a través de experimentos llamados "pruebas de estrés".
Se
cultivan plantas en una serie de cámaras en la que pueden controlarse todos los
factores abióticos; de esta manera, el factor simple que estudiamos puede
variarse de manera sistemática mientras que todos los demás factores se
mantienen constante.
Por
ejemplo, mantenemos la luz, el suelo, el agua y
otros con iguales valores en
todas las cámaras pero variamos la temperatura de una cámara a otra (para así
distinguir el efecto de la temperatura de los demás factores).
Los
resultados muestran que, partiendo desde un valor bajo,
a medida que se eleva la temperatura las plantas crecen mejor y mejor hasta
alcanzar una tasa máxima de crecimiento. Sin embargo, si se sigue elevando la
temperatura las plantas empiezan a mostrar estrés: no crecen bien, sufren
daños, y finalmente mueren.
La idea
de que un organismo no es más fuerte que el eslabón más débil en su cadena
ecológica de requerimientos fue expresada claramente por Justus Liebig en 1840.
Liebig fue uno de los pioneros en el estudio del efecto de diversos factores
sobre el crecimiento de las plantas.
Descubrió,
como saben los agricultores en la actualidad, que el rendimiento de las plantas
suele ser limitado no sólo por los nutrientes necesarios en grandes cantidades,
como el dióxido de carbono y
el agua, que suelen abundar en el medio, sino por algunas materias primas como
el cinc, por ejemplo, que se necesitan en cantidades diminutas pero escasean en
el suelo. La afirmación de Liebig de que "el crecimiento de una planta depende de los nutrientes disponibles sólo
en cantidades mínimas" ha llegado a conocerse como "ley" del mínimo de Liebig.
La Ley
del Mínimo fue reenunciada por Bartholomew (1958) para que fuese aplicable al
problema de la distribución de especies y que tuviera en cuenta los límites de
tolerancia de la manera siguiente: La
distribución de una especie estará controlada por el factor ambiental para el
que el organismo tiene un rango de adaptabilidad o control más
estrecho.


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